Los mejores cuadros de Rafael

Su carrera se dividió en tres fases con tres estilos: sus primeros años en Umbría, el periodo posterior de cuatro años en Florencia y finalmente su período en Roma, trabajando para los papas y su corte.

Su primera obra documentada fue el Retablo Baronci que data del 1500, y de la que hoy en día sólo quedan algunas porciones y un boceto preparatorio. Fue debido a un fuerte terremoto en 1789, que hizo que la obra quedara tan dañada que se serró en pedazos para mostrar sólo las partes no afectadas, en total seis piezas diferentes.

Durante los siguientes años pintó obras para otras iglesias, como “Los desposorios de la Virgen”. En él vemos al sacerdote como el centro de la escena, a nuestra izquierda la Virgen y las mujeres, y san José, y todos los hombres a la derecha. Si nos fijamos, todos los hombres llevan un bastón, pero el de José es el único que está florecido. Esto significa que él es el elegido, así que dos de los pretendientes rompen sus bastones ahí to picaos porque no han ganado.

En este cuadro vemos además algo curioso, y es que Rafael pintó 6 dedos en el pie izquierdo de San José. También podemos ver seis dedos en la mano derecha del Papa Sixto IV, que en latín es seis, en el cuadro “La Madonna de San Sixto”, dónde además aparecen seis figuras. No era casualidad ni un error, sino que por aquel entonces se asociaba esta anomalía a la capacidad de tener un sexto sentido o la capacidad para interpretar sueños proféticos.

La relación de Rafael con Leonardo da Vinci fue muy significativa, y la Gioconda fue para él, cómo para muchos otros en la época, un modelo a seguir en todos sus ámbitos.

Aquí como todos los artistas eran pluriempleados Rafael no iba a ser menos, así que a la muerte del arquitecto vaticano Bramante, se le encargaron proyectos como la basílica de San Pedro. Lo cierto es que la mayor parte de sus obras arquitectónicas han sido derrumbadas o modificadas después de su muerte, como el Palazzo Branconio dell’Aquila del chambelán de León X, que fue completamente derrumbado para hacer lugar a la plaza diseñada por Bernini para San Pedro, que encima jamás se realizó, así que este es el ámbito en el que menos se le reconoce.

Aún así se reconocía su sabiduría al respecto, y en 1515, le nombraron “Prefecto” sobre todas las antigüedades que se desenterraran en la ciudad y hasta una milla alrededor de esta. Por entonces el papa León había mandado utilizar la piedra de las antiguas construcciones para la basílica de San Pedro. Rafael preocupado le escribió una carta dicho papa sugiriendo medidas para impedir la destrucción de los monumentos antiguos, ofreciéndose para registrar las antigüedades de manera organizada. Pero al papa le corría mucha prisa con la construcción de la basílica, así que tan sólo cedió a que todas las inscripciones antiguas quedaran documentadas y las esculturas conservadas, antes de dar permiso para el uso de la piedra.

 

Rafael era por supuesto un fino y experto dibujante. Cuando empezaba a planear una composición para un cuadro, extendía por el suelo un montón de dibujos de archivo con estudios, y a partir de éstos comenzaba a probar diferentes composiciones. Cuando estaba satisfecho con una, la trasladaba a cartón a escala real, y sobre este cartón perforaba con un punzón puntos clave del trazado. Después colocaba el cartón sobre el lienzo, y dejaba pasar hollín por esos agujeros, de modo que quedaban marcas que se servirían como guía para pintar. Se convirtió en un dibujante tan perfecto que, en muchas de sus últimas obras, pintadas ya por su taller, los dibujos son mucho mejores que la pintura.

Sus obras más reconocidas quizás sean las que se encuentran en el vaticano, decorando algunas de sus salas. Dos de las más importantes son “el incendio del Borgo” y “la escuela de Atenas”. En el fresco del incendio se representa el milagro atribuido al papa León IV cuando, tras hacer la señal de la cruz, sofoca un gran incendio en la ciudad. A parte del joven fornido que rescata de las llamas a un papá Noel desnutrido, no hay mucho más que contar, ya que por lo que parece Rafael realizó el diseño y los bocetos, pero fue uno de sus asistentes el que hizo el resto del trabajo. Así que pasamos directamente a lo que todos estáis esperando, la gran “escuela de Atenas”, que aquí ya sabéis que hay chicha. Esta fue hecha en boceto entre 1509 y 1510 y pintada entre el 10 y el 12, con casi 8 metros de largo y una altura de 5. Representa una sesión entre los filósofos, científicos y matemáticos más importantes de la época clásica. Entre ellos hay representados personajes reales, está Platón como Da Vinci, Euclides o Arquímedes, que todavía no se sabe exactamente cuál de los dos es, como Bramante y Apeles como el mismo Rafael. En el boceto original no aparece, pero Rafael decidió añadir a Heráclito como Miguel Ángel, representado con unas botas de montar que el pintor florentino no solía quitarse y escribiendo uno de sus sonetos.

Se encuentran en una arquitectura clásica que recuerda el proyecto de la basílica de San Pedro elaborado por Bramante. Platón y Aristóteles fueron considerados durante toda la Edad Media  como los principales representantes de la filosofía antigua, por eso se encuentran en el centro de la composición. Ambos debaten sobre la búsqueda de la Verdad y hacen gestos que se corresponden a sus intereses en la filosofía: Platón está señalando el cielo, a su mundo de las ideas, mientras que Aristóteles señala la tierra, haciendo referencia a su realismo racional.

Y ya para ir acabando vamos con “el triunfo de Galatea”, porque me gusta a mí. Esta representa el triunfo del amor platónico frente al amor carnal. Galatea, en el centro, está rodeada de tritones, nereidas y otras criaturas marinas que, se ven arrebatados al goce sensual, víctimas de los disparos de los cupidos. Galatea sin embargo se mantiene serena y dirige su mirada a la esquina izquierda, donde se encuentra el único cupido que, tranquilo, reserva sus flechas para una mejor ocasión.

Tampoco me quiero marchar sin mostraros el retrato que le dedicó a la famosa llamada Fornarina,  que seguro que teníais curiosidad por ver si gozar de su blanca tez merecía el sacrificio de la muerte por ella o no…

Margherita Luti, hija del panadero, posó para Rafael poco antes de su muerte. Incluso se dice que el cuadro no llegó realmente a finalizarse. Un análisis mediante rayos X mostró, ocultado bajo repintes, un anillo de boda en el dedo medio de su mano izquierda. No se sabe quién realizó dichos repintes ni tampoco con qué fin, así que no sabemos si esta fornarina era realmente una mujer casa o si, quién sabe, llego a casarse en secreto con el exitoso pintor. En cualquier caso bien evidente es el amor que el pintor profesaba por esta dama, ya que “margarita” proviene

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