Curiosidades del arte de Van Gogh

Puede parecer increíble pero Van Gogh no dedicó a la pintura más de diez años de su vida, eso sí, fue tan breve como intensa ya que llego a pintar un total de más de ochocientos cuadros en éste reducido período, además de dibujos y grabados de aguafuerte.

Aunque las obras no están hechas para catalogar si no para admirar y sacar cada uno sus propias conclusiones, diferenciaremos su arte en diferentes etapas. No sé si recordáis cuando Vincent fué enviado a un pueblo minero como evangelista, dónde empezó a dibujar temas obreros y a captar la miseria entre la que vivían. Después del chasco que se llevó con sus superiores, y habiéndose ya arrejuntado con la meretriz fue cuando dió el salto del carboncillo al óleo, y comenzó a pintar sus primeros lienzos. Éste período previo a su estancia en París se conoce cómo “período oscuro”, en la que se puede distinguir la influencia de sus experiencias, ya que era gran admirador de Millet y trató de retratar el sufrimiento de los trabajadores humildes sometidos a grandes esfuerzos físicos y condiciones miserables. UN gran ejemplo es el cuadro de:

Los comedores de patatas, pintado en 1885.

Representa a cinco personajes que se reúnen a las siete de la tarde en un lúgubre comedor para tomar patatas y café, y castellanos no os sorprendais que en más de una ocasión os he visto desayunar un cortado con torreznos…

En éste cuadro los alimentos sobre la mesa y los rostros deformados por la miseria de los obreros sin esperanza, se pueden distinguir gracias a la tenue lámpara de gas que ilumina levemente la mesa y los cuatro personajes del fondo. Esto y las gruesasy duras pinceladas que usaba por entonces, dota a la obra de un ambiente bastante claustrofóbico.

Las facciones de los obreros son bastante caricaturescas, y en primer plano, de espaldas, podemos ver también a una mujer en una escala exageradamente reducida, que juntos con los tonos oscuros, ayudan a reflejar el sufrimiento y la agonía de la situación de los personajes. Por aquel entonces escribió a su hermano: “Prefiero pintar ojos de seres humanos en vez de catedrales, ya que hay algo en los ojos que no está en las catedrales, no importa lo solemne e imponentes que éstas puedan ser. El alma de un hombre, así sea la de un pobre vagabundo, es más interesante para mí”.

En 1886 Van Gogh llegó a París, justo cuando Georges Seurat presentó su famoso cuadro puntillista “Tarde de domingo en la isla de la Grande Jatte”.

Tanto éste cómo el resto de artistas contemporáneos parisinos influenciaron en su pintura durante los dos años que permaneció en la ciudad.

Empezó a inclinarse más por las tonalidades claras, colores puros, que quiere decir que no mezclaba demasiado su paleta, y por las pinceladas pequeñas, inspirado por Camille Pissarro y Paul Signac. Esto no quiere decir que comenzara a pintar cómo ellos siguiendo la corriente divisionista, pero sí aprendió y aplicó a su obra cosas cómo la importancia de la pincelada y la yuxtaposición de colores.

Uno de los cuadros más representativos de de esta etapa en París es el Autorretrato con sombrero de paja pintado en el 1887-88, en la que podemos apreciar la asimilación de los principios neoimpresionistas de los que hablamos.

Ya en febrero de 1888, se trasladó a Arlés, en el sur de Francia, buscando el sol deslumbrante, el cielo azul intenso y la viveza de los colores que tanto había admirado en las obras de sus compañeros artistas y en los grabados japoneses que había descubierto en París. Realidad y pintura parecían ponerse de acuerdo.

Aquí, en “Sembrador con el sol poniente”, un cuadro de 1888, el sol toma un papel principal irradiando los campos con su luz, mientras un campesino inspirado en Millet siembra la tierra. La obra expresa la alegría que sentía entonces al haber encontrado un lugar que estimulaba por fin su fuerza creativa.

Estaba tan entusiasmado con el lugar y su luz que intentó convencer a Émile Bernard y Paul Gauguin para que se trasladaran con él a vivir en este paraíso y crear allí una pequeña comunidad de artistas. Vincent, influido por el estilo de sus compañeros, creo obras como el famoso “café de noche de Arlés”, que hoy día se mantiene y sigue prácticamente igual, y si no lo creeis mirad esta foto que tomé la última vez que estuve allí.

Van Gogh, aunque inspirado por lo aprendido, no se dejaba inlfuenciar tan fácilmente, y encontró su propio estilo más allá de lo que el impresionismo le había enseñado.

Esto creó entre él y Gaugin grandes enfrentamientos, ya que éste rechazaba las pinceladas que Van Gogh utilizaba porque le parecían desordenadas; él se veía a sí mismo como un primitivo refinado, mientras que consideraba a Vincent un artista impulsivo y romántico.

Aún y pese a todo, ambos artistas se tenían un gran afecto, y aunque se peleasen con regularidad, escuchaban los consejos del otro e intentaban aplicarlos a sus obras.

En su serie sobre Les Alyscamps, un parque de Arlés, Van Gogh siguió los consejos de Gauguin e intentó hacer una pintura “de memoria”, inspirada en el cuadro Mujeres en el jardín que había pintado su compañero. Es también el caso de Mujeres de Arlés, de 1888, uno de los escasos trabajos del artista no creados al natural.

Conocido también con el título de Recuerdo del jardín de Etten, en referencia a la pequeña ciudad del norte de Holanda en la que trabajó el pintor algún tiempo, fue probablemente el hecho del recuerdo lo que hizo innecesaria la copia del natural.

Gauguin le imponía con insistencia tal procedimiento, tanto que terminaría siendo otro motivo de desavenencia artística entre ambos, ya que Van Gogh consideraba que el trabajo al natural era el único medio a través del cual podía expresar sus ideas.

Aunque su estancia en Arlés fue de escaso un año, trabajo tan febrilmente que llegó a pintar al rededor de doscientos lienzos. La habitación de Van Gogh en Arlés en 1889, es uno de los más célebres y representa el dormitorio del pintor. Su deseo con él era expresar la idea de un “completo descanso” a través únicamente del uso de colores claros y empastados.

También cabe destacar de este periodo hay otras famosísimas obras, cómo Los girasoles, una serie de cuadros que fueron concebidos para decorar el estudio donde trabajaba junto a Gauguin; en algunos de los lienzos las flores están colocadas sobre un fondo azul, pero en éste todo está pintado en distintas gamas de amarillo, asociandolo así a la luz del sol y a la felicidad. Pintó también paisajes, naturalezas muertas y retratos, así como sus conocidos lienzos de campos de trigo, también luminosos bajo un cielo azul intenso.

Por desgracia toda la luminosidad que veía en el mundo se empezó a truncar cuando Gaugin realizó un retrato de su compañero, que tituló “Van Gogh pintando girasoles”.

En él Vincent creyó ver representada su propia locura, y poco después ocurrió el conocido episodio en le se mutiló la oreja izquierda, y del cual realizó un par de autorretratos.

Terminada la corta convivencia de dos meses con Gaugin, la utopía de crear una comunidad de artistas en el sur de Francia se fue al garete por completo, y toda serie de acontecimientos sumieron en una gravísima crisis mental a Vincent, que acabaría internado en un hospital.

Pese a las continuas crisis nerviosas, Vincent mantuvo su acelerado ritmo de trabajo. De hecho durante su internamiento dedicó varios cuadros a su médico, como el Retrato del doctor Gachet, al que representa en su pasividad y melancolía en un gesto romántico. Las obras de este período final poseen un fuerte contraste y reflejan los tormentos interiores que le afligían; las pinceladas gruesas, ondulantes y nerviosas, así como los bruscos colores de su paleta expresan su angustia.

A esta etapa sin embargo pertenecen sus mejores autorretratos, como el que se realizó en 1890 y que regaló al doctor Gachet. El contraste de los tonos azules del fondo y los ojos, con los rojos y naranjas del pelo y el rostro, con la mirada fija en el espectador, lo convierten en un cuadro muy penetrante. En cierta ocasión escribió a su hermano Theo: “Se ha dicho -y estoy dispuesto a creerlo- que no es fácil conocerse uno mismo, ni tampoco pintarse uno mismo”.

El cuadro es pues el resultado de un laborioso ejercicio de introspección.

En sus últimos paisajes la belleza natural aparece a menudo turbada, fruto de la ansiedad que sufría. Las barracas, en apariencia un sencillo paisaje, está repleto de tensión y todo se encuentra en movimiento. El cielo, pintado con grandes pinceladas, se precipita sobre los cerros que asemejan fuertes oleadas de agua que se abalanzan sin remedio sobre las construcciones. La tensión también se palpa en el color, en el que predominan los tonos verdes, pero de golpe un tejado rojizo rompe el equilibrio.

Otro ejemplo lo encontramos en Cipreses, de 1889. En él los árboles que simbolizan la hospitalidad aparecen como dos llamaradas inquietas, en contra de un luminoso cielo azul arremolinado de nubes blancas. Las pinceladas son de nuevo espesas, y no mantienen un orden, ya que se superponen y arremolinan entre ellas, transmitiendo pura ansiedad.

Pero la más intensa representación de su estado de ánimo la encontramos en el célebre paisaje “Noche estrellada” , donde las ondulaciones son reflejo de su angustia interior.

La fuerza que poseen estas obras le ha valido la consideración de precursor del expresionismo. La desazón interior convivía sin embargo con una pasión creativa inagotable y una gran sensibilidad por la belleza, por lo que pese a todos sus males, el arte le salvó de la absoluta locura y finalmente creyó alcancar la comunión con él, como estaba en su naturaleza.

Éste complejo estado de ánimo se refleja en obras como “Las lilas”, en la que la espesa hierba y las flores del primer plano son especialmente hermosas, y coloridas, pero a la contra el azul del segundo plano posee una tonalida tan intensa que es entristecedora.

La naturaleza era lo único que alegraba al pintor con su belleza. Dos semanas antes de su suicido pintó una de sus obras más sobrecogedoras, “Trigal con cuervos”, al que se le han atribuído interpretaciones de tipo premonitorio, ya que vemos cómo el cielo oscuro y una bandada de cuervos se ciernen sobre uno de sus amados trigales.

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