Curiosidades del arte de El Bosco

El Bosco, cómo ya hemos visto no tuvo una vida especialmente interesante en cuanto a hechos y anécdotas se refiere… pero la parte que encierra la imaginería de sus obras es una de las más interesantes que podemos encontrar en el mundo del arte pictórico.

Lo primero que debemos hacer para entender su obra es conocer bien las circunstancias de la época en la que vivía. El Bosco vivió en un mundo muy cruel, en el que la organización de los estados era nula y en los terrenos rurales se imponía la ley del más fuerte.

La ignorancia y el analfabetismo alcanzaban a un 90% de la población, que tenía una esperanza de vida de poco más de cuarenta años. Las enfermedades y epidemias, con la peste en el top five, diezmaban a la población, y cuando no, las guerras que duraban años hacían el resto.

Es decir, que a consecuencia de todos los males se vivió una época de crisis espiritual muy profunda, que finalmente condujo a la ruptura del mundo cristiano con Lutero.

Así que su estilo plasmaba los fantasmas de los años finales de la Edad Media, en los que la salvación divina tras la muerte era una gran obsesión. Por ello el Bosco suele presentarnos un mundo enfangado, que se revolcaba en el pecado, y casi sin esperanza de salvación. Por tanto su temática favorita era claramente la debilidad humana, tan proclive al engaño y a ceder a las tentaciones. Otra de sus grandes fuentes de inspiración fue la cultura popular, refranes, dichos, costumbres, leyendas y supersticiones del pueblo a lo que dedicó múltiples cuadros.

Y aunque se desocnoce a ciencia cierta, se dice que sus primeros cuadros pertenecen a esta temática más convencional, como El charlatán, también llamado el prestidigitador, en el que un espectador atiende atentamente a los juegos de prestidigitación del charlatán mientras su compinche aprovecha para hacerse con su bolsa del dinero. El ladronzuelo tiene además a su lado una cesta en la que asoma una lechuza, un animal que el pintor usaba como símbolo de herejía. En la Extracción de la piedra de la locura nos muestra una escena que representa una especie de operación quirúrgica para extraer una supuesta piedra que causaba la locura en los hombres. El supuesto doctor lleva un embudo en la cabeza, representando la estupidez, y haciendo sátira de la superstición y la ignorancia que reinaba en su época.

En el centro de su carrera encontramos sus obras más famosas, una serie de creaciones abarrotadas de figuras, algo bastante poco común en la iconografía de la época.

Por lo general se trata de paisajes imaginarios y repletos de elementos fantásticos y monstruosos, como demonios o figuras medio humanas y medio animales, que a su vez conviven con figuras serenas y paisajes tranquilos y encantadores.

La mayoría de ellos son además trípticos, cómo Las tentaciones de San Antonio, El carro del heno y El jardín de las delicias. Pese a que la interpretación de la simbología es bastante dificultosa, intentaremos zambullirnos en ellos un poco más.

En Las tentaciones de San Antonio podemos ver a lo largo de los tres paneles las escenas de la vida de san Antonio Abad, dónde nos narra los tormentos mentales y espirituales a los que tuvo que enfrentarse el santo.  En el panel izquierdo se representa el vuelo y caída de san Antonio; en el central, las tentaciones y en el panel derecho la meditación.

El tríptico de El Carro del Heno, uno de sus cuadros que siempre me ha llamado especialmente la atención, representa El Paraíso terrenal a la izquierda, el carro de heno en el centro y el infierno a la derecha. Con esto El Bosco pretendía denunciar la pasión desmesurada del ser humano por las riquezas terrestres que son representadas en este caso por el carro de heno, al que todos, sin importar la diferencia de clases, intentan escalar desesperadamente, algo que es evidente que nunca conseguirán.

Y así llegamos por fin a su cuadro más archiconocido, El jardín de las delicias, que como sabéis se encuentra en el museo del Prado junto con muchas otras de sus obras, gracias a que Felipe II era un gran amante de su pintura. Éste es probablemente el cuadro más enigmático de su carrera y el que esconde más misterios.

El tríptico cuando está cerrado presenta la creación del mundo. Cuando es abierto, podemos ver el jardín de las delicias o los placeres de la vida. En el panel izquierdo el jardín del Edén o el paraíso; en el panel central el jardín de las delicias donde la humanidad ha sucumbido a la lujuria y bueno al pecado en general; y, por último, en el panel derecho el infierno, una pintura muy sombría que contrasta con el colorido de las otras dos.

Después de estas obras magistrales, en las que vemos una representación de la locura humana, El Bosco pintó cuadros más tranquilos y positivos (como El hijo pródigo) y cerró su carrera con una serie de obras sobre la Pasión de Cristo, en las cuales la figura bondadosa del Salvador aparece rodeada de una muchedumbre de seres deformes y de rostros bestiales.

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