¿Nos afecta?

Supongo que la mayoría ya os habréis dado cuenta, pero estamos viviendo una nueva era caracterizada por la hipersexualización. Esto quiere decir que nos encontramos ante la sociedad más sexualizada de todos los tiempos, ya que ésta no abarca sólo la pornografía o la prostitución, si no que abarca prácticamente todos los campos de venta de bienes y servicios, y lo más importante, nuestros estilos de vida. Para empezar partamos de la premisa de que tan dañina es la represión cómo la hipersexualidad, y analicemos las consecuencias que tiene todo esto en nosotros, los seres humanos.

La pornografía es la segunda industria más grande de entretenimiento a nivel mundial (y la primera en internet, ocupando España el puesto número 13), sólo después de los videojuegos, es decir que pese a que a veces no parezca evidente es una de las fuerzas comerciales más importantes… y obviamente existen tras ella intereses.

¿Por qué si es una industria tan grande se nos presenta gratuita? Digamos que sería algo parecido a un casino que te regala 10 euros para jugar en sus máquinas. No tienes nada que perder, así que por qué no probar… Del mismo modo la industria pornográfica pone al alcance de tu mano videos, imágenes etc. para tu entero y gratuito disfrute, entonces… ¿dónde están las grandes apuestas? Siendo ambas actividades adictivas, van a producir en la persona lo que produce cualquier otra adicción… ganas de más. Cada vez apostarás más, más cantidad y de forma más agresiva y neurótica, del mismo modo que el estímulo inicial te empieza a saber a poco y necesitas cosas más fuertes… el hecho de apostar 10 euros ya no supone ningún placer, y esto en la industria pornográfica se traduce en indagar en campos que ya no se ofrecen de manera gratuita.

Estudios han demostrado que una persona que consume una media de dos horas de pornografía al día, lo que ya es considerado una adicción, es más dúctil, manejable y desmotivado. Parece que el fin de todo esto es embrutecer a la población haciéndola retroceder a su yo más primigenio, y por tanto el más sumiso y manipulable. ¿Y con qué fin? No se trata sólo de una forma de control, si no de una forma de hacer que exista cada vez menos interés por un núcleo familiar, convirtiéndonos en seres solitarios… ya conocéis el dicho, “divide y vencerás”. Japón es actualmente el país con la mayor industria del porno y, curiosamente, también el país en el que menos sexo se practica. ¿Y cómo se explica esto? El sexo virtual tiene un tremendo poder adictivo, ya que la descarga de dopamina, la llamada hormona de la felicidad, se produce de manera fácil y rápida, a la contra que lo que plantea el esfuerzo de encontrar o mantener una pareja con quien mantener dichas relaciones.

Está claro que no todo el mundo tiene la misma facilidad de adicción, pero al fin y al cabo en este caso no hablamos de la avaricia y el ansia por el dinero, hablamos de algo mucho más primigenio y mucho más humano… hablamos de un instinto, el mayor motor de la vida humana, y eso lo hace más peligroso y menos controlable.

Un estudio del Instituto Max Planck ha alertado recientemente sobre los peligros que el consumo excesivo de pornografía puede producir en nuestra salud. Descubrió que ver vídeos sexuales con regularidad a través de Internet provoca una progresiva reducción del tamaño de nuestro cerebro.

Existe un gran peligro en la normalización de la pornografía. Ahora mujeres y hombres pueden decir abiertamente que son consumidores de pornografía porque “está bien” o es incluso “cool”. Se supone que nos encontramos en una época abierta en la que el sexo no es un tabú y se puede disponer y hablar de ella libremente…¡pero cuidado! Esta es una imagen engañosa. La realidad es que existe una escasa y por lo general mediocre educación sexual, que es además muy superficial.

Sabemos que el cerebro humano madura en su totalidad hacia los 21 años, más o menos. La parte que más tarda en desarrollarse es la que tiene que ver con cómo nos relacionamos con los demás; con once años, que es la edad en la que de media los niños se exponen por primera vez a la pornografía, la zona prefrontal, que es la encargada de las relaciones, es todavía muy sensible. La pornografía estaría entonces incorporando modelos de conducta que no son los más adecuados a través de la muestra de unas relaciones incompletas, inculcando entre otras la falta de empatía.

Esto quiere decir que los niños estarían asimilando y asumiendo eso como aprendizaje propio. Existen ya reflejos de las consecuencias, cómo que los primeros contactos sexuales se realizan a la temprana edad de 13 años, y menos preocupante es eso que saber que la primera práctica que suelen realizar es la penetración anal , convertida ahora en una práctica popular. El uso de la pornografía por parte de los adolescentes condiciona pues sus actitudes sexuales: permisividad sexual, tendencia a no usar preservativos y a practicar sexting, así como enviar imágenes sugerentes o sexuales de uno mismo son hoy el pan de cada día.

Lo importante aquí es que del mismo modo que puede afectar en niños también lo hace en personas de baja conciencia o aquellas con conductas adictivas. Durante la oleada de violaciones en la India se comprobó que el 80% de los agresores tenían registrado en su móvil el visionado de pornografía dura de forma habitual.

¿Entonces, la pornografía es el demonio y sólo nos trae catástrofe y desgracia? Pues… ¡no hay que ser radicales! La pornografía, en pequeñas dosis podría incluso tener sus beneficios, siempre y cuando sea consumida de forma consciente y conozcamos nuestros propios límites. Se trata de tener la capacidad crítica necesaria para evaluar adecuadamente lo que estemos visionando. Un estudio danés sobre 700 personas descubrió que la pornografía les brinda beneficios tanto a hombres como a mujeres con respecto a su vida sexual y su actitud sobre ella, mejorando la comunicación entre parejas, o simplemente inspirándonos en nuestras fantasías.

En definitiva, la clave está en el conocimiento, en la consciencia y el autocontrol…

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